HABLAR EN PÚBLICO:ESE ENFOQUE EQUIVOCADO

Siempre centrados los grandes oradores en el tema a exponer, en sus argumentos, en su capacidad de seducción, en sus profundos conocimientos, en la estructura de su conferencia, en sus pausas y silencios, en su amenidad, en su comunicación verbal y no verbal… características que colocan al emisor en una altura considerable, le provocan sentido de superioridad, de trabajo bien hecho, de autorrealización…

Sin embargo, Javier Gutiérrez, habitual de las grandes ligas de la comunicación, me hizo una notable aportación: ¿y la audiencia?, ¿qué papel ocupa?, ¿la consideramos lo suficiente o normalmente la tratamos de actor secundario? Curiosamente los políticos, tan zarandeados en múltiples ocasiones y muchas con razón, son los que más tienen en cuenta los perfiles de las personas a las que se dirigen: si son asistencias voluntarias u obligatorias, el sexo, edades, profesiones, niveles económicos y culturales, intereses, motivaciones… cosa distinta es que luego la palabra se la lleve el viento y las acciones no respondan a los discursos…

Pero sí, la audiencia debe ser protagonista principal, el gigante, el gran orador es un facilitador de una materia destinada a una audiencia que debemos poner en primer plano para lograr el éxito, y no hablamos de actuar como actores, sino que debemos interiorizar que sólo por haber público estamos ahí, más allá de nuestro mensaje y nuestra valía.

El orador debe ser humilde ante ella, interesarse ciertamente por su opinión, acceder a su temperatura para conducirla a una sana febrilidad, no herir nunca su sensibilidad ni ofender a ninguno de sus miembros, por equivocados que puedan estar respecto al tema que dominamos – ya se sabe que la ignorancia es muy atrevida -, no ser pretenciosos utilizando un lenguaje que supere sus capacidades, dar trascendencia a sus preguntas y sugerencias aunque puedan ser pueriles en algún caso o incluso absurdas y, principalmente, hacerles saber que nuestra presencia allí se debe a la amabilidad que han tenido asistiendo y aguantando nuestro parecer, sabiendo que los oradores no hemos inventado el mundo.

Sí, pongamos la audiencia en primer lugar y después todo lo demás.

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